Oronimia del Sistema Central

Un día, volviendo de tomar datos de campo para el trabajo sobre los molinos de la Sierra Norte, paré a un autoestopista. Teníamos prohibido llevar a particulares en los coches oficiales pero eran muchas horas, muchos años de subir y bajar solo y, por esa vez, no hice caso. Como buen autoestopista, sabía que una de sus obligaciones principales era darle palique al conductor que, independientemente de que sea buena persona o no, se aburre conduciendo y por eso se ha parado a recogerle. El muchacho (un montañero que volvía de hacer unas vías en el Pico de la Miel en la Sierra de La Cabrera) percibió algunos datos contradictorios: el coche (un 4L) llevaba una  enorme pegatina del PAMAM en la puerta), o sea, que era un coche de trabajo; en el asiento de atrás se veían trebejos profesionales (fotos aéreas, mapas, prismáticos, cámara y papeles varios), pero yo llevaba botas de montaña y ropa de campo. Y la primera frase que se le ocurrió para romper el hielo (como el ¿Estudias o trabajas? de las discotecas de antaño) fue: ¿Vienes de La Sierra o de trabajar?  Supongo que le respondería que venía de la Sierra y de trabajar, lo cual, desde su punto de vista, requería algunas aclaraciones porque en su mente eran términos antitéticos como se deduce del uso de la conjunción disyuntiva excluyente (para él).

Cuando Madrid empezó a ser grande y a tener industria comenzaron a propagarse las ideas de la Institución Libre de Enseñanza en lo referente al retorno a la Naturaleza. Lo más natural que tenían cerca era la Sierra de Guadarrama y los madrileños acomodados y cultos la descubrieron; el resto de los madrileños les fueron imitando en las siguientes décadas. El resto de los urbanitas, quiero decir; para los serranos seguía siendo la misma maldición de siempre. Este texto del notable geógrafo Eduardo Hernández-Pacheco, también ligado a la I.L.E., hace un planteamiento teórico que tal vez sorprenda a algunos por su modernidad (no en la forma sino en el fondo):

Fragmento del prólogo al Nº 1 (Sierra de Guadarrama) de las Guías de los Sitios Naturales de Interés Nacional (1931)

Que La Sierra era para los madrileños exclusivamente un espacio de ocio lo muestra esta composición de un semanario capitalino:

Del artículo “Nieve en la Sierra”; Crónica, 08/12/1929

El hecho de que por esas mismas fechas en la mayoría de los pueblos de la Sierra no hubiera un servicio eléctrico fiable ni abastecimiento domiciliario de agua no era noticia. Los pueblos (salvo que tuvieran algún monumento) no eran La Sierra. Para los usos de ocio, lo principal eran las pendientes y las cumbres (como para mi autoestopista); bosques y cauces de agua en segundo lugar. Pero si algún burgués se hacía un chalé en Cercedilla (por ejemplo) también decía que veraneaba en La Sierra, aunque el pueblo estuviera al pie de la montaña y no en ella. Sobre esto di una charla en la R.S.E.A. Peñalara titulada “La montaña de los no montañeros”; con escaso éxito por cierto; no sólo porque soy un mal orador, sino porque a ellos eso no les interesaba.

La montaña fue durante siglos un problema y no una oportunidad y eso lo han visto hasta algunos literatos:

“Era del sur del Tirol, de un pueblo que casi se ahogaba al pie de una alta cumbre, aplastado por el paisaje, la montaña y la pobreza”

SÁNDOR MÁRAI: El amante de Bolzano (1940)

Parece excesivo preámbulo para algo que se presenta simplemente como un asunto de toponimia, pero para nombrar los orónimos hay que definir primero qué es el ὂρος “la montaña”. El primer criterio son las pendientes; no hay montaña sin pendientes (aunque sí que hay pendientes sin montañas, como las hoces en llanos; por ejemplo, esta). El segundo es la altitud absoluta y relativa, aunque hay altiplanos en el mundo que están muy por encima de la altitud máxima de España y tampoco son montañas; como este. La litología no suele tenerse en cuenta en las definiciones oficiales, pero el hecho es que no hay montaña que no sea rocosa, porque la erosión ya se encarga de allanar rápidamente las elevaciones de materiales blandos; los terrenos rocosos suelen generar suelos pobres (al menos en los procedentes de rocas ácidas, como son las del Sistema Central), que generan pobreza y abandono de los cultivos. Cuando las autoridades españolas, siguiendo normativa europea, abordaron el problema de las áreas de montaña como zonas de economía deprimida, aunaron como pudieron estos factores (pendientes, altitud y otros factores limitantes de la actividad agraria) [Ver la Ley 25/1982, de 30 de junio y sus desarrollos].

En la palabra “área” está el quid de la cuestión para definir de manera holística lo que es el Sistema Central; para no dejar de lado a los paisanos, teniendo en cuenta también a los urbanitas, que son la abrumadora mayoría y los que ponen el dinero. Un área de montaña es la que tiene montañas, aunque no todas las partes de su territorio sean montañas de las que les gustan a los montañeros. Pero también ahí pueden surgir problemas: hay consenso entre los geógrafos en que el Prepirineo forma parte del Pirineo ¿Incluida la ciudad de Jaca?; por tanto, la Presierra de Guadarrama también forma parte de ella. ¿Incluidas las rampas graníticas de baja pendiente, salvo en las hoces?

En este primer esbozo de lo que cartográficamente podría considerarse “Sistema Central”  excluí (en gris) lo que, definitivamente, no es una montaña: las zonas con depósitos terciarios y cuaternarios que rellenan en centro de ambas mesetas. En verde intenso están los grandes perímetros de los que convencionalmente suele llamarse “Sistema Central” (en los listados de elementos orográficos, porque no conozco una cartografía precisa (tal vez ahí estribe parte del problema). Y en verde pálido, elementos que bien podrían considerarse Sistema Central o bien no, según se le defina. Seguramente todos los lectores habrán oído alguna vez eso de que “nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”; en cartografía podría parafrasearse así: “Nada es verdad ni mentira; todo depende de la escala a la que se afirma”. Cosas que a una escala son ciertas, a otra no lo son: a escala 1:5.000.000 Valencia está en la costa, cuando todos sabemos que no lo está (el que está es el Grao de Valencia; hoy día barrio, pero durante siglos núcleo de población separado) lo cual tuvo y tiene una gran importancia geoestratégica. El diámetro de la Tierra es de 12.742 Km.; sumando la mayor altitud y la mayor profundidad sobre su superficie no llega a los 19 Km.: si representásemos la Tierra del tamaño de una bola de billar, sería tan lisa como esta. En mi opinión, las presierras del Sistema Central pueden considerarse incluidas en él a escalas de 1:2.000.000 o menores [Inserto: la escala de un mapa, se expresa mediante un cociente; por tanto, cuanto mayor sea el denominador, menor es el cociente, es decir, denominadores muy grandes proporcionarán imágenes muy pequeñas del mismo elemento geográfico: la escala 1:5000 es menor que la 1:50] Se incluyen estas y otros elementos de la cordillera (conjunto de cuerdas = divisorias hidrográficas) cuya inclusión es opinable (por no tener pendientes montañosas, aunque sean de la misma roca que otras adyacentes). También las mini-sierras olvidadas en los grandes listados, como la Sierra de Pela y la Sierra de Lousã así como elementos de enlace como los Altos de Barahona que son divisoria de cuenca:

Ya que estamos a estas escalas, no quiero dejar pasar la ocasión de recordar los tiempos heroicos (e inexactos) cuando el sombreado orográfico (lo que hace que la gente vea el relieve en una representación plana) los hacíamos a mano. Recuerdo con emoción y envidia (porque yo no estaba en el ajo) cuando se generaron los primeros MDTs, a la vez bellos y expresivos como este (del Sistema Central y alrededores), donde se ve a la Madre Tierra desnuda de todas las zarandajas humanas:

Fragmento del Mapa Hipsométrico de España E = 1:1.000.000, generado por el Servicio Cartográfico de la U.A.M. en 1997 (Javier Espiago y compañía)

En esta representación verán que hay sitios donde el amarillo (cotas altas de la submeseta norte) está en contacto con los verdes (cotas bajas de la submeseta sur) casi sin marrones/negros de por medio (sin altitudes ni relieves importantes). Sobre todo al noroeste de la Sierra de Gata, si se aceptase que el Sistema Central sólo lo componen sierras y montañas (zonas con pendientes superiores a x ) habría que reconocer que es un sistema disjunto, con cesuras, con partes que no son sierras. Lo podemos ver más claro en este detalle de la charnela entre las Sierras de Gredos y Guadarrama (que ni es Gredos ni es Guadarrama) y entre las actuales provincias de Ávila, Madrid y Toledo:

En gris: terreno con pendientes inferiores al 20 %; perimetrado en rojo: sierras y montañas (pendientes superiores al 20%): 1: Gredos; 2: Cabeza Gorda y Cabeza del Reguero; 3: Peñas de Cenicientos; 4: Sierra de la Higuera; 5: Las Cabreras; 6: Sierra de Altomira; 7: Peña de Cadalso; 8: Sierra de Tozara; 9: Cuerda de la Parada y 10: El Capitán. El punto amarillo marca el lugar de los Toros de Guisando, enclave de capital importancia tanto en las dinámicas Norte-Sur como Este-Oeste: el paso más fácil entre ambas Castillas (cruzado por una de las principales Cañadas Reales), posible marca liminar de los vetones y el sitio donde empezó a inventarse España mediante el Pacto de los Toros de Guisando.

Una de las grandes y decisivas ventajas de un SIG, que es lo que al final acabaré proponiéndoles, que permite obviar muchas disquisiciones mediante su estructura de capas: con un click del ratón podrías decidir qué es lo que estás viendo: el Sistema Central desde un punto de vista u otro:

  • Meramente orográfico (pendientes y cotas), a su vez stricto sensu o sensu lato: con las presierras o sin ellas. A este respecto, aquel que creara el mapa de pendientes tendría que considerar que el usuario podría ser cualquiera y que los límites entre valores han de llegar de cero a infinito (si se expresa en tanto por ciento, que es lo que la mayoría de la gente entiende):

La famosa frase de Buzz Lightyear: “Hasta el infinito y más allá” ha tenido éxito por ser absurda (como muchos chistes): no hay nada más allá del infinito. Pero expresando la pendiente en porcentajes, una pared vertical tiene pendiente infinito y si es un extraplomo (tan   buscado por los escaladores experimentados) sería un poco más que infinito (un poco más de 90º de inclinación). [Revisa la trigonometría del colegio]. A un constructor de canales, autopistas o vías ferroviarias de alta velocidad toda pendiente de más del 3% se   le hace una montaña; le requiere hacer costosas obras, incluso túneles. Para un esforzado ciclista, un 20% es equivalente a un muro. Pero en montañismo, una pendiente del 100% se sube casi con las manos en los bolsillos. Unos de los recursos paisajísticos más importantes son las rocas enhiestas y no recogerlas en una cartografía multiuso sería imperdonable.

  • Geográfico, añadiendo factores complejos, como litología, suelos, vegetación y paisaje; esto incluiría los valles interiores y las rampas. Esta visión del territorio se puede solapar con otras: mientras que las variables topográficas son disjuntas entre sí, las geográficas no. Veamos este ejemplo:

Aquí se representa la parte de la Sierra Norte que sería parte del Sistema Central, tal como lo vengo definiendo. En verde, dos tonalidades cuyos matices no hace al caso ahora aclarar [Ver el mapa nº 1 del libro de los despoblados]; en rojo lo que algunos llaman Valle del Lozoya, locución errónea por sólo una letra en la contracción: si pusiese “de” nada habría que objetar, pues se referiría al valle cuya   cabecera es la villa de Lozoya. Esta denominación es herencia histórica de la entidad territorial conocida antiguamente como Sexmo de Valdelozoya, uno de los tres que componían la Tierra de Segovia en la Transierra (es decir, al sur de la Sierra). Es heredera la palabra pero no el territorio, dicho sea de paso, porque el  sexmo contenía otras tres poblaciones que no estaban ni están en la cuenca hidrográfica del río Lozoya. [Una explicación más extensa de esto está en la nota nº 2 (pág. 157) del libro de los despoblados]. Pero al poner la partícula “del” están haciendo referencia al río y no a la población homónima; el valle del Lozoya, es decir, su cuenca  hidrográfica, excede con mucho este territorio: este mapa incluye la parte incluida en la Comunidad de Madrid (que va circuida en naranja), faltando una pequeña zona en la provincia de Guadalajara. Pero lo que hay que destacar es que los  límites del valle son las divisorias de aguas y su terreno va de  cumbre a cumbre, incluyendo las zonas llanas de su fondo (que algunos llamarían valle s.s.) es decir, lo que en la capa orográfica NO sería Sistema Central. Verán que hay un par de segmentos en línea de puntos, porque los cordales de cierre del valle son opinables: el orográficamente más evidente es el que está en línea continua: en su confluencia está la cerrada, dicho en términos ingenieriles: el sitio justo para poner una presa de embalse; de hecho, allí está la presa del  Embalse de Pinilla. Pero toda la zona comprendida entre el ambos posibles cierres del valle aguas abajo es término y jurisdicción de Lozoya;  cuando se apropiaron del terreno entendieron que eso también era Valdelozoya. El concepto “Valle del Lozoya” en el SIG proporcionaría la suma de ambas superficies, mientras que “Valle Alto del Lozoya” o “Valle de Lozoya” sólo la roja. La zona elegida como ejemplo es   pequeña y fácil de entender, pero afectaría a zonas mucho más grandes como el Valle de Amblés, demasiado grande para poder ser  percibido a simple vista. En la entradilla a la publicación sobre Idrisi está una foto tomada en el mejor sitio posible para percibir el  Valle de Lozoya: allí donde las paredes del horst sudoriental, parecen un todo continuo, al no verse la garganta por la que el Lozoya sale del valle: normalmente, los ríos siguen la bisectriz de los cordales de su cabecera, pero el Lozoya hace aquí un quiebro de 90º a derechas.

  • Socio-histórico: incluyendo los modos de apropiación del espacio a lo largo del tiempo; es decir, las jurisdicciones que lo contienen o contenían. De este aspecto hemos hablado poco, pero también tiene cosas que aportar. Algunas personas llaman  Sierra de Ayllón al  conjunto de cordilleras (labradas fundamentalmente en materiales paleozoicos) y con cordales secundarios en dirección Norte-Sur, al    este del Puerto de Somosierra. La denominación tiene su origen en el que fuera “Sexmo de Alensierra” (allende la Sierra, visto desde la Villa capital, al norte) de la Tierra de Ayllón. Luego se ha ido extendiendo a costa de lo que fue el territorio allende la sierra de Sepúlveda (al sur del puerto de Somosierra) y de parte de las Tierras de Buitrago y Atienza. ¿Por qué? Tal vez por la necesidad de rellenar el hueco entre el final de la cuerda de los Montes Carpetanos y la auténtica Sierra de Ayllón. ¿Quién? Pues no se sabe; la Real Academia Española repite a menudo que sus diccionarios no hacen, a la postre, otra cosa que recoger la lengua que producen los hispanohablantes; que es normativa solamente en lo referente a la forma. Como no hay Real Academia de Geografía ¿Quién decide cómo se llaman los elementos geográficos? Se supone que el Consejo Superior Geográfico, pero en mis muchos años de experiencia no les he visto actuar con eficacia a este respecto y los muchos errores y discrepancias de la cartografía oficial en lo referente a toponimia parecen atestiguarlo.

Otra de las grandes ventajas de los SIGs es la posibilidad de visualizar capas según escalas. En la cartografía impresa esto es imposible: la única manera de reflejar el rango del elemento cartografiado es el tamaño de la letra y los elementos de mayor rango tienen tal tamaño que un término municipal entero podría desparecer debajo de la “G” de Guadarrama. En mí propuesta, para una visión en pantalla correspondiente a la escala 1:5.000.000, por ejemplo, sólo habría un rótulo: “Sistema Central” y una línea perimetral según los criterios arriba establecidos o que pudieran establecerse. Del otro lado, se podría llegar a escalas del orden de 1:100 para los elementos más pequeños (una vía de escalada, por ejemplo, ya que el MDT permite ver alzados); los valores de la tabla de datos aneja a ese elemento permiten saber todo lo referente a ella sin que aparezca en pantalla ningún rótulo de los contenedores geográficos de mayor rango. Los detalles visibles a una escala en torno al 1:25.000 serían de este orden de magnitud y detalle:

Detalle de cordales, cumbres y pasos en El Rincón de la Sierra Norte (La Hiruela, Prádena del Rincón y Puebla de la Sierra )

► Concluyendo; si yo fuera rico (y comprobase que lo que pretendo hacer no existe ya) financiaría un proyecto consistente en:

  • Constitución de un equipo interdisciplinar de expertos para la definición de conceptos y, por tanto, para la delimitación conceptual del ámbito de estudio. Sin duda alguna estaría compuesto por miembros activos o eméritos de la Universidad, pero la parte operativa se encargaría a una empresa. Tengo alguna mala experiencia de suscribir convenios con entes académicos: garantizan conocimientos, pero muchas veces, como tienen el garbanzo asegurado por la res publica son muy difíciles de manejar, porque intentan subordinar el producto final a los intereses de la Cátedra.
  • Recopilación exhaustiva de toda la toponimia relacionada con el Sistema Central, sensu lato. Desde la Iuga Carpetana de Plinio el Viejo hasta la última vía de escalada abierta. Yo aportaría las 1.500 papeletas que tengo, aproximadamente (no sé la cantidad, porque  todo está recogido antes del año 2000, que es cuando empecé a toquetear ordenadores).
  • Generación de un SIG (o adaptación / ampliación de alguno existente), incluido su correspondiente MDT.
  • Aplicación del anterior instrumento para su exhibición en diferentes medios y con diferentes niveles de complejidad (desde la escuela primaria a la Universidad; desde centros de interpretación de recursos naturales a Internet o televisión). Esto implicaría crear un visor  propio en el sitio web de la Fundación.
  • Creación de un comité de seguimiento que posibilitara la corrección, mejora o ampliación de los contenidos.

Una aproximación a lo pretendido es el trabajo que seguidamente expongo. En él se consigue, al menos, la delimitación espacial de los macizos montañosos de la Comunidad Autónoma Vasca. Al no considerar las pendientes, no sería exactamente la delimitación de las sierras, pero algo es algo. Hay que hacer constar que se trata de una elaboración del año 2019; si consiguiera hacer lo mismo tampoco llevaríamos demasiado retraso.

Delimitación de los macizos de Urco y el Cálamo, entre Marquina  y Ermua
Fuente: Zorion (vía Wikimedia Commons)
[La traducción literal de “mendilerro” sería “cordillera” y una cordillera es en tanto que conjunto de cuerdas,
pero en castellano se atribuye a entidades orográficas de rango muy superior]