Arti et veritati. De la portada del libro Songs of the Slav de OTTO KOTOUK (Boston, 1919) Autor desconociodo / Dominio público. via Wikimedia Commons

Textos

Y al cabo, nada os debo; me debéis cuanto escribo.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho donde yago

ANTONIO MACHADO RUIZ: Retrato (1906)

Arti et veritati. De la portada del libro Songs of the Slav de OTTO KOTOUK (Boston, 1919) Autor desconociodo / Dominio público. via Wikimedia Commons

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El año 2015, en el reencuentro con mis antiguos compañeros del Instituto uno dijo que me recordaba como un “fantástico contador de historias”, recordando las veladas de las colonias de verano en Alicante, allá por 1958. Mentiría si dijera que no halagó mi vanidad, pero lo que me produjo fue, más que nada, sorpresa: mira por donde, no había caído en ello. Uno piensa que esto es más propio de un escritor de ficción, pero también me acordé de lo que dijo del libro de los despoblados uno de los prologuistas:a pesar de que se trata de un trabajo de investigación pura, “se trata de «una historia»; esto es, de un relato verosímil, razonado e interpretado”

A la hora de esta recopilación, veo que, efectivamente, escribir, “contar historias” ha sido una de mis pulsiones desde el comienzo. Pocos compartirán el adjetivo usado por mi compañero (“fantástico”): no me gusta fantasear y mi estilo literario podría calificarse de cerámico: a veces colorido y brillante como un azulejo, pero las más, macizo y pesado como un ladrillo. Pero ahí están: muchos menos en cantidad y calidad que la media de los profesionales, pero, muy probablemente, por encima de la media de los aficionados. Ustedes dirán.